Un mundo sin fin de Ken Follet la continuación de Los pilares de la tierra.
Después de Los pilares de la tierra, un reto personal para Follet, nos deleitamos con un libro muy bien documentado, y nos transportamos a un lugar de la edad media. Como lectora lo he castigado en tres ocasiones, y se libró de un cuarto castigo por no quedarme rezadada en un mano a mano con mi colega de lecturas. Una historia que te engancha desde la primera página, y da igual donde lo dejes y el tiempo que lo hagas, cuando lo retomes te enganchará del mismo modo.
En ocasiones me recuerda a esas largas películas sobre mitología, hadas, príncipes y caballeros, que emiten de vez en cuando los sábados noche divididas en dos o tres partes. Por si fuera poco tostón dos horas de novela… llega el siguiente capítulo y ahí estas -!no puedo perderme el final, después de tragar la primera parte!-
Admirable el tesón de Caris, la lucha por ser una persona con discernimiento e insigne a pesar de ser una mujer en tiempos tan difíciles. Siempre fiel a sus principios. Carismática y digna del mayor respeto.
La paciencia y la constancia de Merthin. Únicamente verás cumplidos tus sueños si nunca dejas de soñar. Aunque da que pensar, con lo feo, enclenque que es, y la de amantes que tenía a su disposición, (incluído el más frío y calculador, que guarda una talla de madera como el mayor de los tesoros), eso solo pasa en la ficción. (que frío suena esto)
Las triquiñuelas y retorcidas artimañas de Godwyn, Petranilla o y Philemon, eso sí es escuela de la vida. Poca ética y mucha estratégia.
La capacidad de Gwenda para ganar la batalla por vida ¿digna?, sí. Haría lo que fuera para no perder la felicidad de Su Familia. Y durante esa lucha encarnizada nunca llegó a ser consciente de lo que realmente había conseguido.
Y Ralph, siempre hay un Ralph en alguna parte. Cuando no funciona la inteligencia, funciona la fuerza y los padrinos sin escrúpulos. ¿Es el hijo bastardo del conde? Eso parece.
Pero lo que más me gustó del libro fue una introdución que leí a los pilares de la tierra en la que nos deja ver el esfuerzo dedicado a estas historias:
Nada ocurre como se planea. [...] Además, no creo en Dios. [...] Pero una duda me asaltaba sin cesar: ¿por qué se construyeron esas iglesias? [...] Fue uno de esos momentos reveladores [...] Descubrí que un libro extenso representa un desafío mucho mayor que tres cortos.[...] Concluí el libro en marzo de 1989 (se refiere a los Pilares) [...] Estaba agotado pero contento [...] Empezaba a parecer un libro de culto [...] Ni siquiera yo me lo creí.
Y así ocurrió. Parecía el libro menos adecuado; yo parecía el autor menos adecuado, y estuve a punto de no escribirlo. Sin embargo es mi mejor libro, y vosotros lo habéis honrado con vuestra lectura. Os lo agradezco. ken Follet “Stevenage, Hertforshire” Enero 1999
Esta pequeña confesión del escritor, de la que extraigo pequeñas frases, te contagia de la verdadera magia que envuelve al libro. La capacidad de leer una historia, al ver las piedras o vidrieras que conforman un catedral, eso fue lo que realmente me fascinó. Y sentí lo mismo, “me di cuenta que nunca había prestado mucha atención al paisaje que me rodeaba, y carezco de vocabulario para describirlo” y aún más,- toda la historia que eso comporta-
Realmente me hubiera gustado que fuesen tres libros cortos. Así se prestaría atención a seguir la historia con cordura, siendo fiel a la intensidad en todas sus partes. Porque realmente hay momentos en que pienso que el escritor pierde un poco el norte, incluso a veces parece que no lo escribiera solo una persona, y que hay partes de relleno insertadas por agentes ajenos al libro. En otras, es como si estuvieras leyendo un libro perteneciente a una saga olvidada, porque se repiten partes a modo de recordatorio como si fuera el principio de una historia nueva, ajena, en la que solo coinciden los personajes de forma casual. Quizá sea cosa de la traducción, no lo sé. En ocasiones como esta me gustaría poder leerlo en su lengua original. Quizás así podría convertire en el mejor libro que pasó por mis manos.